Con motivo de la caída del puente Chirajara, recientemente ocurrido en el Departamento del Meta, el suscrito, en su calidad de integrante de la sociedad Colombiana y como miembro de la comunidad de la ingeniería civil, egresado de la Universidad del Cauca, que ha trasegado durante más de 30 años por la geografía Nacional en proyectos viales, de acueductos, de viviendas y edificaciones, desarrollando la profesión con ética y calidad durante todo ese tiempo, apoyo y acompaño a los profesionales de la ingeniería que en forma honesta y responsable ejercen su profesión y expreso que sucesos fortuitos no pueden empañar, ni mucho menos estigmatizar el ejercicio de la noble profesión que tantos beneficios y progreso le han ofrecido a la Nación.

Con toda objetividad espero que los organismos de control y que el mismo gremio de la ingeniería brinde de manera clara las explicaciones de lo sucedido y se establezcan las responsabilidades del caso, sea cual fuere los resultados.

Solicito respetuosamente a la ANI, al Ministerio de transporte y a los gremios asociativos como la SCI, la CCI, que se dé a conocer con prontitud el informe de la interventoría y de los expertos internacionales que llevaron a decretar el cierre de la vía al llano.

Con posterioridad al desastre, ante la ausencia de un pronunciamiento a fondo del mayor accionista de la firma concesionaria, aparecieron algunos llamados a mantener la confianza en la ingeniería civil, restando importancia al evento con la excusa de que es el único puente de esa índole que ha fallado en Colombia.

La verdad es que la ingeniería esta en mora de pedir perdón a la sociedad por tantos desaciertos durante los últimos años:

Veamos unos casos:

.-Descalabro en costos en la construcción de la refinería REFICAR en Cartagena de Indias cuyo valor inicial era $US 4,000 millones y término costando más de $US 8.000

.-Escándalo de corrupción en la ruta del Sol.

.- Escándalo en la construcción del túnel de la línea.

.-Caída del Edificio SPACE en la ciudad de Medellín, con pérdida de 12 vidas humanas.

.-Caída del edifico Blas de Lezo II en Cartagena, con pérdida de 21 vidas humanas.

.-Caída del puente Chirajara en el Meta con pérdida de 9 vidas humanas.

Ha pasado a la historia los días en que los ingenieros calculaban y construían pensando en el bienestar de la gente, en llevar progreso a la sociedad. No se ponía en riesgo la estabilidad. No se escatimaban gastos si de mantener la seguridad se trataba.

Eso fue remplazado por una montaña de papeleos y artimañas tendientes a direccionar las adjudicaciones de las obras a oscuros personajes que poco o nada saben de resistencia de concretos, de aceros, de pavimentos, o de capacidades portantes.

Su afán es ganarse la obra al precio que sea, para luego subcontratar la obra con otros que saben aún menos y que cobran menos.

Así no puede existir calidad en las obra públicas o privadas.

Como integrante de este gremio, y sin medias tintas, pido perdón por los errores que han cometido los autores de estas obras fracasadas.

Quizá la culpa este en la deficiente formación técnica que proporciona la Universidad o en la falta de ética profesional de quienes convirtieron esta hermosa profesión en un mercado persa donde no importan los medios para conseguir el fin.

Quizá la culpa esté en las mismas entidades estatales y privadas que direccionan y adjudican obras a quienes no tienen capacidad ni profesionalismo para su ejecución contribuyendo a la expansión de la corrupción como una epidemia incontrolable que esta privando a las comunidades mas necesitadas de las vías , las escuelas y los hospitales que tanto necesitan y que pensabamos que por fin llegarían como consecuencia lógica del acuerdo de paz.

En fin, son muchos los factores que han contribuido a envilecer el ejercicio de esta hermosa profesión y ya es hora de reconocerlo, de recomponer y mejorar lo que esta mal hecho.

Aprovechemos el congreso de la Sociedad Colombiana de Ingenieros en marzo próximo en el Choco para abordar el tema y esbozar medidas que generen un regreso a las sanas costumbres de la ingeniería, que no son diferentes a las de la medicina, la arquitectura , o el derecho:

Trabajar bien, con calidad, cumpliendo en el tiempo, sin sobrecostos, ganando lo justo y transformando la naturaleza para el bienestar de la gente.

Cartagena, febrero 6 de 2.018

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