Casi todos estamos hoy muy entusiasmados con la elección del nuevo presidente de Colombia.
Inicialmente porque es la primera después de la firma del acuerdo de Paz que está en implementación y que, aunque todos dicen que respetaran, persiste el fantasma de la reforma que nos llena de incertidumbre y amenaza con regresarnos a las épocas en que el país sobrevivía como un hospital de guerra.
Cada vez que alguien me pregunta por quien voy a votar esquivo la pregunta diciendo que el voto es secreto y sagrado.
Hoy, en el día D, voy a responderme yo mismo esa pregunta:
Voy a votar por el candidato que:
. – Haya conseguido sus triunfos con mentalidad ganadora, con disciplina, con esfuerzo, que sea solidario, que haya hecho sus tareas con tesón y sacrificio.
. – Sea talentoso, autentico, luchador, honesto, orgulloso de su país y de su gente.
. – Que encarne las esperanzas y represente la lucha que todos damos diariamente por salir adelante y ver una Colombia honesta, en paz y trabajadora.
. -Que sus propuestas me lleven a creer que los es posible un mejor país y que, como en la fiesta del futbol que se avecina, con juego limpio y liderazgo se puede empezar a tejer redes sobre abismos, construir paz sobre la violencia, generar bienestar sobre inequidad, salud sobre abandono, techo sobre desamparo, ilusión sobre desarraigo, esperanza sobre incertidumbre.
Esa es la respuesta.

